Jugar y conversar

Juegos por turnos para conversar en familia

Cuatro juegos con dibujos, personajes y objetos cotidianos para compartir turnos de conversación y dejar espacio a las ideas del niño.

Una historia puede cambiar mucho cuando cada persona añade algo. Tú colocas una rana junto al río; el niño dibuja un puente; alguien decide que por ese puente pasa un tren. Compartir turnos deja espacio para que el juego tome la dirección que proponga cada participante.

Aquí tienes cuatro propuestas con materiales cotidianos. Los turnos pueden incluir palabras, gestos, dibujos o movimientos de un juguete. No necesitan durar lo mismo ni seguir una frase preparada.

El dibujo que hacemos entre todos

Necesitáis un papel y colores. Tú dibujas un objeto y comentas una idea: «Aquí hay un río». Después deja que el niño añada lo que quiera. Si dibuja un círculo, puedes preguntar «¿Qué has puesto?» o esperar a que lo explique. Quizá sea una rueda, una luna o una isla.

En tu siguiente turno, incorpora su propuesta. Si eligió una isla, puedes dibujar un barco que se acerca. Cuando vuelva a participar, quizá lo convierta en un barco pirata. El papel conserva la escena y permite señalarla si una palabra no se entiende.

No hace falta completar un paisaje. Podéis dejar el dibujo abierto y continuar otro día. Si quiere dibujar varias cosas seguidas, sigue su idea antes de recuperar tu turno.

La bolsa de las sorpresas

Guarda unos pocos objetos familiares en una bolsa: un coche, una pieza de construcción y un muñeco, por ejemplo. Cada persona saca uno y decide qué hace en la historia. Puedes empezar: «El coche busca un lugar donde dormir». El niño saca la pieza y quizá la convierta en su casa.

Si no sabe qué añadir, ofrece una pista pequeña: «¿Lo ponemos aquí o junto al árbol?». Puede elegir señalando. Después describís lo que ha pasado y continuáis. La sorpresa está en cómo encaja cada objeto, no en encontrar una respuesta que tenías pensada de antemano.

El restaurante de los personajes

Coloca dos juguetes a la mesa y decide con el niño quién toma nota y quién cocina. Un personaje pide una comida imaginaria; el otro la prepara con un dibujo o una pieza de juego. Podéis cambiar los papeles cuando os apetezca.

Tú puedes pedir una sopa de estrellas y esperar a ver qué sirve. Si el niño dice que se ha terminado, sigue esa idea: «Entonces, ¿qué queda hoy?». También puede mostrarte el menú en un papel. Una respuesta inesperada abre otra parte del juego.

El mapa de las decisiones

Dibuja un camino que se divide en dos: uno llega al río y otro a una torre. Cada participante decide algo del viaje. Tú escoges dónde empieza; el niño elige una dirección; en el siguiente turno inventas qué encontráis allí.

Si cambia de camino o dibuja otro, podéis aceptarlo y contar la nueva ruta. El mapa sirve para recordar las decisiones. Al terminar, basta comentar una escena que os gustó: «Me hizo gracia que la torre tuviera ruedas».

Esperar antes de añadir otra idea

Después de tu intervención, deja espacio para que el niño termine la suya. ASHA aconseja dar atención a sus intentos de comunicación y no interrumpirlo para corregir. Si una palabra resulta poco clara, puedes pedir que te muestre el objeto o el dibujo relacionado.

No hay que convertir el turno en una obligación de hablar. Si prefiere observar o pierde interés, podéis parar. Para otras ocasiones, las conversaciones en las rutinas ofrecen escenas que ya forman parte del día. Si queréis partir de una historia preparada, escoged uno de nuestros cuentos cortos.

Fuente consultada